
Aprender la Luz: Del Camino de la Fotografía a las Enseñanzas de Reiki

Los mil tonos de la luz que emergen entre las nubes:
la conexión entre lo que vemos y lo que sentimos
Las enseñanzas de Reiki son un viaje espiritual en el que el ser humano recuerda cómo conectar con la luz de su propia alma y de la conciencia universal. Los años en los que aprendí a ver la luz a través de la fotografía y a seguir su rastro fueron, en realidad, las primeras señales de una llamada más profunda que hoy encuentra su sentido en las enseñanzas de Reiki. En este texto comparto cómo se fue moldeando mi relación espiritual con la luz en el camino que va desde la fotografía hasta el Reiki.
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ToggleMi Camino para Aprender la Luz Comenzó con la Fotografía
Mi viaje para aprender la luz comenzó con la fotografía. En aquellos años, lo que me atraía no era tanto capturar la luz “correcta” desde un punto de vista técnico, sino la propia luz en sí misma. Una luz que se filtraba entre las nubes, un brillo silencioso que aparecía en un reflejo sobre el suelo, o una claridad que transformaba todo en un instante del día… Todo ello se sentía como una llamada que no podía explicar con palabras, pero que resonaba profundamente en mí.
Con el tiempo comprendí que la fotografía no me enseñaba la luz en sí, sino a darme cuenta de ella. En realidad, lo que buscaba no era una composición ni una técnica, sino esa sensación familiar que surgía en la relación que establecía con la luz. Mirando atrás, veo hoy que la fotografía fue un umbral que me preparó para las enseñanzas de Reiki. Quizá fue el primer lenguaje que el alma eligió para recordarme su propia luz.
Los Mil Tonos de la Luz: El Vínculo entre lo que Vemos y lo que Sentimos
La luz suele definirse como brillo, claridad y aquello que es visible. Sin embargo, la luz tiene mil tonos, y algunos de ellos solo pueden percibirse a través de las sombras. La fotografía me enseñó algo esencial: para poder ver realmente la luz, es necesario aceptar también las sombras. Porque la sombra no es la ausencia de luz, sino una de sus formas transformadas.
Hay momentos en los que la luz se muestra de manera directa y otros en los que solo se percibe como un reflejo, una silueta o un leve oscurecimiento. Nuestra mirada tiende a fijarse en lo brillante, pero la profundidad, el contraste y el significado aparecen allí donde la luz y la sombra coexisten. Es precisamente en ese punto donde se establece el vínculo entre lo que vemos y lo que sentimos.
Cuando observo hoy las enseñanzas de Reiki, esta relación se vuelve aún más clara. En el camino espiritual no existen solo estados “luminosos”; también hay aspectos que permanecen en la sombra, emociones no reconocidas y áreas reprimidas. La luz no llega para eliminar estos espacios, sino para hacerlos visibles. Al igual que en la fotografía, la luz espiritual adquiere sentido junto a sus sombras.
Enseñanzas de Reiki: La Dimensión Espiritual de Trabajar con la Luz
En las enseñanzas de Reiki, trabajar con la luz no consiste en recibir una energía externa ni en aplicar una técnica concreta. Este trabajo tiene que ver con recordar la conexión con la luz del propio ser y con la conciencia universal. Reiki no enseña a “crear” la luz, sino a abrir espacio a una luz que ya existe.
Por eso, en Reiki la luz no se experimenta únicamente como una fuerza que ilumina, sino como un estado de conciencia que aporta presencia, contacto y transformación. En las sesiones o en las formaciones, lo que suele emerger no es una experiencia deslumbrante, sino una sensación de calma interior, suavidad y contacto profundo. Aquí la luz no actúa imponiéndose, sino invitando.
Así como en la fotografía comprendí que la luz no invade una escena por la fuerza, sino que simplemente está presente en el momento adecuado, en Reiki también he visto que la luz conoce su propio tiempo y su propio camino. Las enseñanzas de Reiki me recordaron que la luz no es algo que deba controlarse, sino una guía en la que se puede confiar. Este trabajo en el plano espiritual abre un espacio para relacionarse con uno mismo de una manera más honesta, más compasiva y más íntegra.
La Luz que Antes Buscaba en la Fotografía, Hoy la Encuentro en el Reiki
Durante los años en los que me dediqué a la fotografía, seguir la luz no era una búsqueda consciente. Era más bien una atracción interna, difícil de nombrar. A veces no era la escena en sí lo que me detenía, sino la luz que aparecía en ella, invitándome a mirar y a esperar. Hoy comprendo mejor que aquello que buscaba no era solo estética, sino una sensación de contacto mucho más profunda.
Con el tiempo entendí que la luz que buscaba en la fotografía no era simplemente un elemento que embellecía una imagen. Era una llamada silenciosa pero persistente que me invitaba a volver hacia mí. Lo que parecía una búsqueda externa era, en realidad, el reflejo de una orientación interior.
Hoy, trabajando con Reiki, veo que la luz que buscaba entonces siempre estuvo aquí. Reiki me enseñó a reconocer dentro de mí aquello que antes buscaba fuera. La fotografía fue el primer lenguaje de este camino; Reiki se convirtió en el espacio donde entré en contacto directo con la propia luz. La búsqueda dio paso al recuerdo; el ver dejó lugar al sentir.
La Luz que Vi, Convertida Hoy en la Luz que Comparto
Con el tiempo comprendí que la luz que una vez intenté ver no es hoy un conocimiento o una técnica que transmito a otros. Esa luz es un estado que cada persona recuerda en su interior. A través de las enseñanzas de Reiki experimenté que la luz no es algo que se recibe desde fuera, sino una conciencia que ya existe y que, muchas veces, ha quedado cubierta.
Hoy, cuando acompaño a otros a través de formaciones de Reiki o sesiones de Reiki, lo que comparto no es un método, sino la apertura de un espacio para ese recuerdo. Cada persona establece una relación única con su propia luz, y Reiki permite que ese vínculo emerja de manera natural, sin forzar. Aquí la luz no se enseña; se invita. Tanto quien enseña como quien aprende forman parte del mismo campo.
En mi etapa como fotógrafa aprendí a esperar la luz, a no forzar el momento, a permitir que apareciera cuando era el tiempo adecuado. Las enseñanzas de Reiki me mostraron el reflejo espiritual de esa espera. La transformación interior, al igual que la luz, no ocurre con prisa, sino cuando existe disponibilidad.
Al mirar atrás, siento que la transformación de la luz que vi en la luz que hoy comparto no es un simple cambio de profesión, sino un viaje de conciencia. La fotografía fue el primer lenguaje de este camino. Reiki se convirtió en un espacio más profundo donde el alma recuerda su propia luz. Y este camino continúa.
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